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5 razones por las que la gente te evita

12/02/2014

A veces nos preguntamos por qué no tenemos éxito con el sexo femenino. Las respuestas pueden ser diferentes, pero muy pocas veces contienen una suposición de que el problema está en nuestro comportamiento.





Construir una relación de pareja no es un proceso muy fácil, pero es fascinante. A pesar de esto para mucha gente es como un trabajo duro o una obligación. Por ejemplo, un hombre se ha puesto el objetivo de casarse con una dama extranjera, hace 8 meses va chateando en sitios web de personas que buscan pareja, acude a las citas y a veces de hecho procura ponerse en el camino de quienes podrían ser un esposa potencial, puesto que conoce los sitios donde suelen trabajar y relajarse las damas extranjeras, incluidas las hermosas rusas. Todo esto lo hace con un claro entendimiento de que tiene la necesidad de hacerlo. Así llueva, nieve, sean días festivos, o relampaguee no importa, lo hace sin sentirse incómodo y no lo disimula puesto que confiesa que tiene un objetivo en su vida y que lo va a alcanzar. Este último tiempo ha diseñado una táctica de guerra relámpago, consiste en que conoce a un dama y pasadas algunas citas (dos o tres) le pregunta si está dispuesta a casarse con el. Es evidente que después de esta pregunta la dama incluso que esté buscando la relación más seria del mundo tienda a asustarse y desaparecer, puesto que todo es un proceso que necesita de mucho cuidado. El hombre no entiende por qué ninguna de sus esposas potenciales no quiere contestar a esta pregunta inmediatamente, si se conocieron precisamente para este objetivo.

Quizás así como este hombre, tú estés actuando muy precipitadamente y seas una de las personas para las cuales una relación no es un proceso sino solo es un objetivo. Siempre recuerda, que construir una relación es un objetivo que requiere de un proceso mágico.

Piensas negativamente con frecuencia


¿Un vaso está medio vacío? ¿Te gusta el burrito Igor? ¿Todos vamos a morir? Si has respondido afirmativamente, pues estas son varias de las señales.

Tu manera de pensar es demasiado negativa en relación a tu vida. Sabes, hay gente optimista y pesimista. Y pues también hay la que está en medio de esas categorías. La gente optimista es atractiva físicamente y activa, tienen buen apetito, no tienen sueños y nunca se ofenden. Conozco a varias personas así, que cuando tratas de enfadarme con ellos abren sus manos, se ríen y dicen «hey… tranquilo, que te pasa...» y ya no puedes molestarte. La gente pesimista, en cambio, es regañona y triste. Buscan una motivación para cada acción suya y frecuentemente no la encuentran y por eso no lo hacen, pues no hacen nada que no tenga sentido (por ejemplo, no montan picnics, no festejan su día de cumpleaños, no tienen animales domésticos). Ellos son recelosos y tienen muy mala autoestima. Entre mis conocidos también hay de este tipo. Para ser más exactos, los hubo, puesto que es muy difícil tratar con gente así, porque siempre te quieren hace sentir culpable. Me parece que la diferencia principal entre estas dos clases de gente consiste en que a la primera le importa el proceso y a la segunda el resultado. Esto se refiere a todas las partes de la vida. No es preciso buscar algún sentido en todo, no es preciso inventar objetivos y argumentar cada una de sus acciones. La persona optimista nunca pensó para qué necesita educación superior, dogo y billetes a Kazantip, pero todo esto le hace feliz y está dispuesto a compartir su felicidad con todos los que le rodeen.

Siempre necesitas ayuda


Uno de los problemas más frecuentes de la gente que no esté acostumbrada a vivir con el alma llena de alegría es que no pueden vivir sin problemas. Hace algún tiempo entreviste a uno de los interesados en venir a conocer a una dama rusa y el me contaba sobre sus problemas. Decía que en su vida no había período en el que viviera sin tener problemas laborales, familiares, personales o de salud. Llego hasta tal punto que pensó que de verdad sí existían tales problemas en su vida, hasta que a una edad temprana le diagnosticaron osteoporosis, fue entonces que entendió que no existían aquellos problemas, pues para él eran justamente necesarios. Siempre fue así y varias de sus parejas le habían hablado de esto, sin embargo el no lo quería creer. Con frecuencia tomaba calmantes, lloraba y se deprimía cuando  cursaba la universidad y sabía que estaba a punto de iniciar el periodo de exámenes de recuperación. Alrededor de su vida siempre estaban sus miedos y sus problemas que le hicieron perder la cabeza, tenía tales miedos como no terminar la universidad cuando la cursaba y al final terminar en la calle, o temía por la vida de sus padres, o de que enfermara de cáncer. Al fin y al cabo decidió que si no podía vivir sin problemas, era necesario aprender a controlarlos. Fue así que inventó tres temas para preocuparse y cuando se aburría de uno, pasaba al otro. Con el tiempo estos temas se volvieron viejos y ya no le hacían sentir pánico pero de todos modos satisfacían por completo  su necesidad de sufrir por algo.

No seas paranoico. No hay problemas que uno no pueda resolver. Si una situación tiene entrada, deberá tener salida.

Piensas que eres un sabelotodo


Hay una categoría de gente a la que le gusta enterarse de todo. Por ejemplo, una persona que haya estudiado tecnologías y pretende aconsejar a otra sobre cómo escribir versos, o algo peor, que los corrige sin permiso. Una de las damas rusas alguna vez comentaba sobre uno de sus parejas, decía que estaba con una persona sabelotodo puesto que el sabía dónde ella puede pasar sus vacaciones, que trabajo le convenía, sabía que un tacón no debe ser más alto que 6.5 cm y una falda debe ocultar las rodillas, sabía con quien tengo que hablar, que tengo que decir y que debo de pensar. Ella sabía que si tenía un hijo de esa pareja, el sería quien le enseñe y quién le de consejos de cómo dar a luz y cómo educar a los niños. Aunque como ella decía,  es muy dudoso que vaya a formar una familia con un él, o con un «gran jefe», porque irrita no el hecho que te aconseje algo, sino que lo haga sin ser competente.

Eres demasiado pasivo


Los hombres confiesan con frecuencia que las mujeres perezosas les irritan. «Todo el día están tumbadas en el sofá mirando sus telenovelas» es una de las quejas frecuentes de los hombres. Las mujeres son más pacientes a este problema, pero tampoco les gusta. Nadie quiere disminuir la belleza de su mundo interno, pero a veces es preciso recordar que una relación debe ser alegre. Ir juntos a a visitar a los amigos, arrojarse del paracaídas, ir al cine, pasear al perro. Es positivo para la relación volver a casa juntos después de la clase de coreano y compartir sus historias que han vivido juntos con sus familiares. Su pareja quiere que tengas que contestes a sus seres cercanos a la pregunta de «¿que hace tu novia?» con respuestas largas, no con un «Bueno… nada en especial…».

No seas aburrido.

Eres demasiado arrogante


Mucha gente sorprende cuando le dicen que es demasiado arrogante. Eres unos de esos que suele hacer pausas largas en la conversación o quedarse pensativo mirando a la lejanía? Alguna vez te ha tocado medir con la mirada a la persona en un primer encuentro? Sabes cómo alzar una ceja con desprecio? Hay muchos gestos con los que podemos decir a alguien «Y tu quién eres?». Basta que una vez lo hagas para que otro cree una opinión sobre tu persona. No vale la pena sentirse superior a los demás y  tampoco compararse con los demás. Pues los que te rodean lo hacen y a veces esa comparación no está a tu favor.

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